Víctor Gómez Heras, retrato, óleo sobre tabla


 


"Cuerpos de Luz baja"

Antonio Linde Ortí

sobre la obra de mi amigo Víctor Gómez Heras

 

 

 

1.

Partamos del tema principal de esta obra, quizá único, el aislamiento del hombre, no sólo por su condición humana, sino en lo referente a la distancia entre sexos dada por el nacimiento de la sexualidad, nos acercamos entonces al mito de Eva y Adán (sirvan como ejemplo los cuadros El pequeño dios nº2 y El drama de Eva).

 

2. El yo escindido

¿Por qué Víctor Gómez trata su propia figura -¿autorretrato?- como motivo de la mayoría de cuadros?  Podríamos pensar ante el desnudo y la propia representación en el narcisismo, pero el pintor trabaja su cuerpo instalándolo en un espacio alejado del yo. Allí, ese cuerpo que no dirige la mirada al espectador está en espera rumiando la soledad de la estancia cerrada que se le ha adjudicado. Es un cuerpo esclavo de la labor introspectiva del pintor.

 

3.

¿Es el espacio una representación simbólica del alma? Es un espacio independiente del ser, una realidad que permanece inmutable a las modificaciones y/o distorsiones del hombre y su cuerpo. Un espacio del que sí puede decirse que sea compañero de viaje o al menos pilar de una realidad que sostiene o amansa al hombre dislocado, perdido, o a la mujer infranqueable, cerrada.

 

4.

¿Funcionan la luz o los escasos vanos, puertas y ventanas, como elementos metafóricos de un exterior liberador? Deliberadamente no, pero tampoco puede decirse que se trate de obras en las que la soledad se pinte claustrofóbicamente, más bien es un elemento que parece relatarse como connatural al hombre y la mujer. Así la luz que alumbra un cuerpo no puede valorarse como dañina o como forma de expresar la fugacidad del tiempo, y sí representa ese mantenimiento de la pérdida tranquila e inexorable y de la precariedad leve pero casi biológica, esa debilidad primigenia de los ángeles caídos, de Adán y Eva o de la infancia inacabada…

 

5. Una sexualidad en origen, pero no una sexualidad como motivo pictórico.

El tema del desnudo tiene como base la sexualidad, la condición sexual del hombre como carga, podemos ver que no se trata de una obra erótica ni de una obra con intereses naturalistas , escatológicos, pornográficos u otros que han venido, en las historia de las artes, ligados a la práctica de la representación del cuerpo humano.

 

6. El cuerpo retratado

Es más justo hablar de desnudos que de retratos, ya que no es la representación facial la que nos habla del sujeto sino del cuerpo. Éste ha sido alternativamente planteado como ser dolorido, atormentado (serie de los Pabellones) y como figura reposada, tranquila, casi en duermevela (series Compás de espera, Habitando espacios, El cuerpo bajo tierra  y El rostro y las manos), siendo dos modos de contar lo mismo, si bien el miedo ya no se proyecta hacia una realidad foránea y se restringe al sujeto ante sí mismo y sus contradicciones.

El cuadro El cuerpo bajo tierra nº2 comprende ambas visiones, el cuerpo a la vez está ligado al sueño y se muestra retorcido, circundado por la bañera, esa estructura amniótica, especie de útero materno, que en otras obras es representado por el espacio cerrado de las habitaciones (Habitando espacios: parar y mirar). Puede verse la maduración del tema en el cuadro El rostro y las manos nº2, donde el sujeto observa su propia identidad, a la que aún está sometido, pero de la que es consciente.

 

7. Dos visiones

De modo muy sencillo podemos plantear dos visiones en la obra de Víctor Gómez, separando la serie Pabellones del resto, se trata, esta primera, de una obra con mayor violencia y elementos simbólicos más numerosos. El uso de la materia puede recordarnos el trabajo de pintores que le han influido grandemente, como es el caso de Lucian Freud, aunque las diferencias sean considerables. El resto de la obra limita la violencia a determinados cuadros (El pequeño dios nº1) y con una delicadeza en el modo de disponer la pintura verdaderamente ejemplar continúa la tensión de sus primeros cuadros y hace ganar en sobriedad a las obras. Dejamos atrás, entonces, cierta estructura dramática, teatral acaso, y vemos motivos quizá domésticos pero poderosos.

 

8.

¿Qué clave nos puede dar a entender esta obsesión por la autorrepresentación? Pienso que él mismo podría suscribir la frase de Rilke, que viene a darnos la medida de las motivaciones del pintor: “Soy debutante en mis propias condiciones de vida”.

9. El cuerpo estéticamente bello

Es difícil decir a quién nos recuerda la obra de Víctor Gómez, a qué pintores o a qué época, pero nos resulta familiar, recoge de algún modo ese gusto por la belleza que quizá podríamos llamar clásica, aunque al primer golpe de vista comprobemos que no es su intención mostrar titanes o modelos y cánones a seguir. En su lugar vemos seres humanos en sus vicisitudes vitales.

El cuerpo no es el centro de lo fugaz o doloroso, no se pinta de él su belleza, es la propia posición que en el espacio ocupa y la propia postura la que nos da una narración más exacta de lo sentimental y temporal. Esta descripción de la soledad viene a apaciguar la energía de los cuerpos, a aquietarlos, a dejarlos respirando con toda la vitalidad en suspenso.

 

10. Eva, el cuerpo de la mujer

La mujer no es representada como el cuerpo deseado, pese a ser la soledad del hombre o su pareja legítima. La mujer es otra soledad inalcanzable, cumple condena idéntica a la del varón. Puede leerse, descubrirse la dulzura con la que han sido pintados los cuerpos femeninos, el respeto, si bien el cuerpo resulta cerrado al espectador, intocable.

 

11. El gato

En el cuadro El rostro y las manos nº2, las contradicciones del sujeto se hacen reino de él, observa desde las sombras la luz, el espacio del interior. El gato es una figura que sirve para confirmar esto, es a la vez un espectador opaco, que no comprende ese otro mundo y a la par compañía, con la hermandad adherida involuntariamente de ser otra soledad, ya no por falta de generosidad o incapacidad amatoria, sino por su propia naturaleza. Es una figura hiperbólica de la negación existente en el sujeto a una apertura, es un misterio y una soledad, a un mundo más lejano…

 

12. El calvario y el tiempo

“En toda habitación llega un día en el que el hombre en ellas se

Desuella vivo

En que cae de rodillas pide piedad

Balbucea y se vuelca como un vaso

Y sufre el espantoso suplicio del tiempo”

                                                                              Louis Aragon

 

Consigue el pintor hablar de modo tan particular del tiempo, gracias a un pintura lenta que gana en el transcurso de su trabajo la capacidad de decir. Quizá el mayor alarde técnico y creativo sea conseguir armonizar una delicadeza en el modo de disponer la pintura, y la inquietud y el desasosiego que no son ocultados. Esa negativa de cada pincelada a ser determinante esculpe con decisión esa sobriedad antes mencionada.

 

13. Quizá podamos hablar de grito silencioso

El díptico El pequeño dios nos muestra cómo existe una violencia contenida en la obra de Víctor Gómez. Comprendemos que la figura erguida y serena contiene en su interior a esa otra atada, salvaje e impotente.

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